lunes, 20 de junio de 2016

Probablemente Dios no existe, así que deja de preocuparte y disfruta la vida

"There's probably no god, now stop worrying and enjoy your life"

En el año 2008, en Lóndres, Inglaterra, fue lanzada una campaña 'atea' que consistía en hacer circular por las calles londinenses (aunque después se amplío la particular campaña a otras ciudades europeas e incluso norteamericanas), un autobus que portaba un letrero grande que decía: Probablemente Dios no existe, así que deja de preocuparte y disfruta la vida.

Al parecer lo que los iniciadores de esta campaña creen en el fondo, y por eso dicen lo que dicen, es que creer en Dios impide "disfrutar la vida", y que una vida sin Dios, se "disfruta" más y mejor. Pero, ¿es esto realmente así? 

Lo primero que sería útil es recurrir al estudio de la vida de los santos, ya que son ellos los modelos perfectos de creencia en Dios y de una vida vivida conforme a dicha creencia. Y resulta que cuando estudiamos las vidas de los santos, sus biografías y sus autobiografías, no encontramos otra cosa que felicidad, profunda, completa y perfecta felicidad. Ellos mismos lo reconocen, y los testimonios de quienes los conocieron en vida son unánimes en afirmar que incluso sus rostros reflejaban una tranquilidad de espíritu, una armonía, un encanto difícil de describir con palabras. ¿De dónde les venía esa felicidad, esa plenitud, si según los de la campaña del bus ateo la vida sin Dios sería la más gozosa y feliz?

Pero a parte de las vidas de los santos, no hay nada en la idea de Dios que incluya la desgracia, la tristeza o la infelicidad del ser humano. Absolutamente nada. Siempre se ha enseñado que Dios es ante todo un amoroso padre que crea por amor, se encarna en Cristo por amor, muere en la cruz por amor, y desea, por amor, llevar a todos sus hijos con Él al cielo, a gozar eternamente de su presencia y de su misma felicidad. ¿Dónde está en dicha idea de Dios la parte donde el ser humano es un pobre infeliz condenado a la tristeza y a la desgracia?

Creo que la cosa va más bien por el lado de la moral cristiana. No es a Dios en cuanto padre amoroso a lo que se oponen los ateos, por lo menos la mayoría, sino más bien a Dios en cuanto fuente de un orden de cosas que exige del hombre un comportamiento adecuado a su dignidad de creatura y de hijo de Dios. Es decir, el ateo se opone a la creencia en Dios, en cuanto ello supone unas normas de carácter moral, una corrección de su comportamiento, un límite a sus deseos muchas veces egoístas de gozo desenfrenado e indiferente a las consecuencias. Ese es el meollo de la cuestión.

Por eso cuando los de la campaña del bus ateo afirman que luego de comprende que quizá Dios no existe, hay entonces que "disfrutar" la vida, se refieren a eso, al disfrute meramente sensual de los distintos placeres que este mundo ofrece, cada día más variados y refinados. Porque no se vaya a creer que la Dios o la Iglesia en su nombre condenen el placer, no lo condenan pero le ponen un cauce, unas barreras, que no son caprichosas, sino que responden a la defensa de la dignidad humana. Pues no pocas veces el ser humano hambriento de placeres se rebaja a sí mismo al nivel de las bestias e incluso más abajo, el nivel de mera cosa.

No se comprenden entonces iniciativas como la del bus ateo, pareciera que sus promotores desean animar un estilo de vida bestial, irracional, hedonista al extremo; y ¡claro! para eso Dios es un estorbo.

Como decía Dostoyevski: si Dios no existe todo está permitido. Quizá es eso lo que muchos desean, que todo esté permitido y reine por fin la anarquía absoluta.


Leonardo R.


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